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dc.contributorFacultad de Educaciones_ES
dc.contributor.authorDíez Gutiérrez, Enrique Javier 
dc.contributor.otherDidactica y Organizacion Escolares_ES
dc.date2012-11-30
dc.date.accessioned2013-01-10T12:48:17Z
dc.date.available2013-01-10T12:48:17Z
dc.date.issued2013-01-10
dc.identifier.citationNuestra Bandera, 2012, vol. 2, n. 232es_ES
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10612/2211
dc.descriptionP. 25-56es_ES
dc.description.abstractLa prostitución es la consecuencia del pago con bienes económicos o de otro tipo —puede ser dinero, pero también otro tipo de bien, ya sea material o no, como, por ejemplo, droga, ropa, vivienda, status, etcétera— para la obtención de placer sexual del cliente o prostituidor, mediante el uso de la genitalidad u otras partes del cuerpo de otra persona (de cualquier sexo), con mediación o no de un tercero presente o ausente —puede ser que medie o no una persona, un proxeneta. Dos aclaraciones importantes sobre esta primera definición. Una, que el eje central de la prostitución para quienes la “sufren”, el elemento consustancial sobre el que gira esta relación prostitucional no es el sexo, no lo olvidemos, sino el dinero o el bien económico que se consigue. Hablar de sexualidad en el ejercicio de la prostitución es una aberración no sólo conceptual, sino una visión que obedece a una concepción profundamente patriarcal, desde un enfoque que obedece a los intereses unilaterales de una de las partes, los hombres que practican la prostitución sobre las mujeres o sobre otros hombres. Las personas sobre quienes se ejerce la prostitución, que la “sufren”, no buscan realmente una relación sexual, sino el dinero que consiguen. Si fuera una relación sexual se daría en libertad e igualdad y no habría compra y pago de dinero por la misma. Por lo que introducir la sexualidad en este debate supone una cosmovisión patriarcal y machista que responde a los intereses de algunos hombres y de algunos grupos que necesitan justificar estas prácticas prostitucionales desde posturas que sólo ellos consideran de “progresismo sexual”. Segunda, que cuando hablamos de que también hay hombres que se prostituyen, tenemos que reconocer que las investigaciones, informes y estudios científicos que aportan evidencias, y no sólo ocurrencias u opiniones o experiencias personales o particulares, demuestran sobradamente que la inmensa mayoría de estos hombres se prostituyen para otros hombres (Rafael, & Gil Llario, 1996 (Hendel, & Vacarezza, 2011; Amador Soriano, Arroyo Arcos, & Segrado Pavón, 2010). Es decir, que la estrategia de sometimiento e imposición sigue siendo la misma y que se repite el mismo esquema androcéntrico y de machismo patriarcal que en el caso de las mujeres. Por lo tanto, el que pueda haber una pequeñísima minoría de mujeres, con dinero suficiente para recurrir a la prostitución masculina, es un aspecto que no debe centrar el debate sobre la prostituciónes_ES
dc.languagespaes_ES
dc.publisherPartido Comunista de Españaes_ES
dc.subjectAntropologíaes_ES
dc.subjectAntropología culturales_ES
dc.subjectAntropología sociales_ES
dc.subjectPsicologíaes_ES
dc.subjectPolíticaes_ES
dc.subjectSociologíaes_ES
dc.subject.otherProstituciónes_ES
dc.subject.otherProstituidoreses_ES
dc.subject.otherTrata de mujereses_ES
dc.subject.otherMujereses_ES
dc.subject.otherMalos tratos
dc.titleEl papel de los hombres en la prostituciónes_ES
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/articlees_ES
dc.description.peerreviewedNOes_ES
dc.rights.accessRightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses_ES


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